Para la educación de cualquier hijo es importante tener tareas asignadas y responsabilidades. Pero a veces corremos el riesgo de simplemente gritar para que hagan cosas (que son su obligación) y nunca les damos las gracias por hacer cosas (que son su obligación).
Bajar la basura, hacerse la cama, quitar la mesa, sacar el lavajillas o tender la colada son actividades que cualquier niño o adolescente, de cualquier edad debe hacer, porque es su obligación.
Pero que sea su obligación no significa que no se les pueda dar las gracias. De verdad, de corazón. Imagina que no lo hubiera hecho, imagina (algo peor) que no lo pudiera hacer, o (algo peor aún) que su rebeldía le impidiera siquiera estar en casa para hacerlo.
Ahora después de imaginar eso, piensa en que cuando le das las gracias, de verdad, de corazón, le estás diciendo: Gracias por estar aquí con nosotros, compartiendo.